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lunes, 25 de mayo de 2015

Entonces... ¿Barcelona y Madrid ya son capitales Venezolanas?


La política del miedo que han realizado algunos partidos políticos durante los últimos meses no ha servido tanto como habría cabido pensar. 

Un resumen de estas elecciones puede ser que el PSOE, que se pegó el mayor batacazo de su vida en las últimas elecciones autonómicas (2011), -probablemente como castigo a la situación económica y a unas ganas de cambio-, sigue batacazado si se me permite la expresión. No solo no ha mejorado, si no que se ha mantenido o ha empeorado un poco.

El PP, por su parte, se ha llevado el batacazo este año. Quizá esa política del miedo le haya permitido ser la fuerza más votada en muchos lugares, pero no va a ser suficiente para gobernar.

Ahora es el momento de avanzar, de mirar hacia adelante y comprobar, si los nuevos partidos predican con el ejemplo, o por el contrario se envilecen y apoltronan como los "políticos profesionales". Políticos profesionales a los que, esta vez sí, el voto joven ha expresado -en las urnas- que ya estaba bien de hacer las cosas mal.

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Por @carlosbarrioj

miércoles, 25 de marzo de 2015

El Gran Wyoming, Jordi Évole y Jesús Cintora: piedras en el zapato del PP

El Gobierno evitará la clausura de ocho canales de 'Atresmedia' y 'Mediaset' si se comprometen a relajar su discurso.

Dos grandes operadores privados de la pequeña pantalla como son 'Atresmedia' y 'Mediaset' están a la espera de la resolución que ejecutará el Tribunal Supremo a raíz de las demandas interpuestas contra ellos. En ellas se pide que otros ocho canales que actualmente emiten ambos operadores, sean clausurados, como ya le ocurrió a otras cadenas con anterioridad. Dada la preocupación de estas dos grandes empresas, se ha pedido la intervención del gobierno de Rajoy en el asunto, con el fin de que éste evite la clausura.

En la época de gobierno del PSOE, el TDT alcanzó su punto álgido, y llegó a haber más de veinte canales operativos. Si las licencias de 'Atresmedia' y 'Mediaset'son anuladas, ya no quedarían ni la mitad de canales que los televidentes disfrutábamos entonces.

En un país en el que supuestamente existe libertad de expresión y de prensa, es de esperar que los medios sean más o menos objetivos, aunque de sobra sabe el telespectador que no es así. Hay canales claramente posicionados y podemos decir que cada cual cojea hacia uno u otro lado sin mucho miedo a equivocarnos.

Pues bien, el Gobierno se ha comprometido a interceder a favor de estos operadores de televisión privados, pero al parecer con ciertas condiciones. Los programas que emite 'La Sexta' como son 'El Intermedio', presentado por el Gran Wyoming, o el 'Salvados' de Jordi Évole, no son todo lo agradables con el gobierno del PP como a éste le gustaría. Ni que decir tiene, que el presentador de'Las Mañanas de Cuatro', Jesús Cintora, tampoco tiene pelos en la lengua y no se corta cuando el gobierno merece una buena reprimenda en directo.

Parece ser que el Ejecutivo, solo intercederá por ambas empresas si éstas se comprometen a moderar su discurso contra el Gobierno. Por supuesto, no lo declararán así públicamente, pero todos sabemos cómo se las gasta el Partido Popular en lo que a libertades se refiere. Esto tiene un nombre, y se llama censura.

Ahí tenemos la famosa 'Ley Mordaza' que el gobierno impuso a golpe de mayoría absoluta y varias denuncias de trabajadores de la televisión pública como TVE oTeleMadrid entre otras, en las que se despide, y se coloca a dedo al personal.

El Gran Wyoming, el ex follonero, Jordi Évole y el presentador Jesús Cintora son actualmente lo más auténtico que podemos ver en televisión. Aunque habrá quienes no compartan mi opinión, solo espero que ellos, como buenos profesionales que son, no se dejen amedrentar.

 

lunes, 2 de febrero de 2015

Tipos de cabrones que pueblan las oficinas

Es lunes y hay que volver al trabajo o a las clases. Muchos de vosotros vuelve a la oficina. Puede que os guste vuestra faena, pero la gran mayoría vais a un lugar feo, lejano e incómodo en el que hacéis algo que no os llena con gente que no soportáis a cambio de un dinero que no podéis gastar porque estáis en un lugar que no os llena con gente que no soportáis. Desde los 20 a los 26 años trabajé en una oficina. En la del departamento de prensa de un equipo que va de blanco, gana muchas cosas y tiene al que algunos califican como el único portugués guapo del planeta. Una redacción en la que estaba rodeado de comadrejas.

Ilustración de Dan Evans
Tengo suerte de haber escapado. Como periodista, guionista y cómico, trabajo desde casa y en los bares. Los dos sitios donde más tiempo he pasado y donde más cómodo estoy. De hecho, escribir en casa me permite ganarme el sueldo desnudo. Una pena no poder conocer en persona la redacción de Vice para poder despellejarlos. Que otra cosa no, pero esta revista nos deja libertad total de expresión y conviene recordarlo en tiempos en los que eso es una utopía.

Es cierto que las oficinas son un pequeño hábitat. No se puede estereotipar. Tomando unas cervezas con una amiga de sonrisa infinita le conté que iba a escribir esto y me dijo que los estereotipos no molan. Yo, como buen pagafantas, lo he tenido en cuenta y antes de darle a la tecla he llamado a varios colegas que se pudren en sus trabajos para que me cuenten su experiencia. Hay algunos tipos que se repiten. Yo los he tenido muy cerca.

El trepa

Un profesional. El gen trepa se lleva en el ADN. Personas sin carisma pero estrategas profesionales. Se dejan pisar por los de arriba y no dudan un momento en destruirte. Aunque el curro sea una basura, tienen vidas tan tristes que triunfar en el trabajo lo es todo. Chivatos profesionales. Es importante detectarlos a tiempo ya que usarán todo lo que digas o hagas en tu contra. Sin que tú te enteres. Son ninjas acomplejados que se mueven con mucho sigilo. En la Universidad se sentaban delante, tenían un muelle en la mano para levantar el brazo más veces que tú en un concierto de rap.

Es muy complicado luchar contra estos seres ya que en cuanto bajes la guardia lanzan su zarpazo pelota. Cuidado con si lanzan su gran onda vital: el chismorreo. Si te descuidas pasarás a ser el borracho o la putón de la empresa. Cómo si beber o follar fuese malo (de lo primero soy nivel leyenda). Tuve un compañero así. En la redacción éramos nueve. Entraron jefes nuevos. De esos que lo primero que hacen es echar a todo el mundo y meter a su rebaño. Algunos nos fuimos, a otros los despidieron. Solo queda uno. Adivinad quien...

El profesional del escaqueo

Su virtud es su simpatía. Tienen historias y chistes como para engatusarte en dos cañas. Caen bien a todo el mundo y lo saben. Son perfectos cuñados que saben de todos los temas, desde líquidos de piscinas hasta microeconomía. Por supuesto, expertos en fútbol. Los días después de un partido importante no les pidas nada. Están en un intenso debate con todo el edificio sobre los vómitos de Messi. Llevan años en la empresa... ¿Por cierto, alguien sabe a que se dedican? No. Eso sí, su media horita en el baño leyendo el periódico no se la quita nadie.

Siempre les he admirado. Si hay comida de empresa o algún cóctel, saben donde colocarse en todo momento para comer como en una boda. Es fácil encontrarles en la máquina de café o la fotocopiadora. Auténticos arquitectos de los festivos. Manejan los días libres y las bajas por cualquier cosa para hacer puentes de diez días. Por supuesto, nunca se quedan ni un minuto más de su hora. Nunca le pidáis un favor. Estáis perdidos. No les miréis a los ojos. Son como la medusa, si les miras a los ojos harás lo que te pidan. Pero si lo que quieres es irte a tomar unas copas, son tu mejor opción.

El gris

El preferido por los jefes. Por los pocos que saben que existe. Hace bien su trabajo. Llega antes y se va más tarde. Incluso se lleva trabajo a casa. No sale de copas, no habla, no tiene más inquietudes y aspiraciones que rellenar correctamente sus hojas de Excel y respirar para vivir. No es divertido, no tiene carisma, no hace ruido y soluciona un montón de marrones. Se come todos sin rechistar porque no tiene el valor de decir una palabra más alta que otra. Poco agraciados físicamente, sin ninguna virtud más allá de hacer eficientemente su trabajo. Méritos que muchas veces se atribuye el trepa. No aspires a tener una conversación larga con él más allá del 'se va a quedar buena tarde'. Eso si sabes como se llama. Cuando tocan los despidos, son los primeros en caer. A nadie le importa su vida ni nadie le va a echar de menos. Seguramente nunca más volverás a saber de ellos. Ni falta que hace.


La tía buena

No seamos machistas. También pasa con tíos buenos. Guapazas y guapazos que saben que lo son y saben usarlo. Son genéticamente perfectos, huelen como debe olerle el pelo recién lavado al mismísimo Dios. Diplomáticos y agradables, no molestan mucho. Pero tienen un plan oculto. Ascender sin parar.

Su belleza y facilidad a la hora de relacionarse hacen que todo el mundo les ame. En un mundo como el que me desenvuelvo, el de la televisión, su físico agradable abre miles de puertas. El tipo gris está enamorado de la tía buena en secreto y cuando pasa se esconde y aparta la mirada no vaya a ser que le salude. Muy peligrosos.


El pijo

O la pija. Insoportables. Si han estado en Nueva York, en todas las frases soltarán un 'pues esto en Nueva York es mejor'. Que sepas que han viajado más que tú. Llevan ropa de marca –probablemente falsa–, quedan con sus amigas para hacer un brunch, desayunar fuerte para el resto de los mortales. Después del trabajo se van de afterwork, que es como llaman estos seres abofeteables a tomar unas cañas después de currar. Siempre serás un ser inferior. Tuve una compañera así. Ojo, que vivía en Villaverde, un barrio muy chulo pero obrero y nada chic. Un servidor iba a currar con camisetas y zapatillas y sentía como se me clavaba su mirada de condescendencia. Creo que para ella era una especie de mendigo. Eso que aún no se llevaban las barbas de indigente.

El hijo del jefe

Estás acabado. Hoy es tu becario, mañana tu compañero y en dos semanas tu jefe. No todos son así pero por lo general son inútiles funcionales con más dinero que el que nunca podrás ahorrar, flequillos pequeñonicolasianos y muy pocas ganas de trabajar. ¿Para qué? ¿Quién haría un curro aburrido sin necesidad? La tía buena es su mejor amiga y muchas veces su futura novia. Han nacido para estar juntos. Como dijo una vez uno de mis poetas de cabecera, Diego Serrano (sí, Resines en una serie que a mí me gustaba): No se le pueden poner diques al mar.

miércoles, 14 de enero de 2015

¿Quieres cumplir tus deseos en 2015?


Si abres un buscador y tecleas: objetivos 2015; seguramente encontrarás decenas de artículos sobre este tema en la red. Este era también uno de los temas sobre los que yo quería escribir a principios de año, pero pensé que era un tema muy tratado ya, no obstante hoy he leído algo que me ha hecho volver a cambiar de opinión.

Por suerte para mi, los Magos de Oriente dejaron en mi zapato varios libros muy interesante, uno de ellos, que recomiendo, “Tu futuro es Hoy” de Franciso Alcaide y Laura Chica. En uno de sus párrafos reza:

En 1953 se hizo la siguiente investigación en la Universidad de Yale: se preguntó a los estudiantes del máster en dirección y administración de empresas de ese año si tenían claras sus metas para el futuro y si las tenían puestas por escrito. Sólo el 3 % lo había hecho, un 10% tenía pensadas sus metas pero no lo las había puesto por escrito y el 87 % restante no tenía definidas sus metas.

En 1973, veinte años más tarde, se comprobó el progreso que habían hecho aquellos alumnos, y las diferencias resultaron sustanciales. El grupo del 10% que tenía objetivos definidos aunque no escritos, generaba, de media, el doble de ingresos que el grupo del 87% que había asegurado no tener metas. Lo más revelador fue que el grupo del 3 % que había escrito sus metas estaba ganando, de media, diez veces más que el 97 % restante.


Y es que, no hay buen viento para quien no sabe donde va.

Después de leer esto, pensé que sí, yo también escribiría sobre los objetivos para el 2015. Encontrarás montones de consejos para escribir tus objetivos, yo te ofrezco este, no importa cual escojas, pero escoje uno y sobre todo, escribe tus objetivos.

¿Tienes una lista de deseos para el 2015? Pues bien, escríbela, haz un filtro a tus deseos y deja en la lista los que son alcanzables. Los deseos que has dejado, ¿puedesmedirlos? por ejemplo si tu deseo es leer más, no se puede medir, pero sí se puede medir: leer cada día 30 minutos. ¿Tienes claro cuándo vas a conseguirlos? escribe también en qué mes habrás terminado ese curso que te propones o a partir de cuándo leerás 30 minutos al día.

Comprueba que en tu lista haya deseos personales, laborales, económicos y sociales, es la mejor manera de asegurar que cubres todas las áreas de tu vida.

Cuando lo tengas, haz una tabla, con tus objetivos alcanzables, concretos y medibles y la fecha en que vas a conseguir cada uno. Después pásalo a imágenes, hazte un esquema – montaje con fotos que te recuerden tus objetivos y ponlos en un sitio que veas a menudo.

Ahora recuerda mirarlo cada día, hazlo por la mañana pronto y fíjate para ese día un objetivo personal y otro laboral, siempre alineados con los objetivos anuales.

¿Te parece interesante? Espero que lo pongas en práctica, por que de verdad funciona.

Por Pilar Sánhez, coach (pilarsanzmartinez@yahoo.es )

lunes, 24 de noviembre de 2014

La herencia del Sr. Rato

Definido por Jose Mª Aznar como “el mejor ministro de economía de la democracia”, el señor Rodrigo Rato se enfrenta ahora a los frutos que ha sembrado. Además, él, que siempre estuvo arropado por las élites del Partido en el que militó, que siempre fue protegido y aupado por sus camaradas en sus diversas experiencias laborales después de su paso por la política, ése mismo, hoy no tiene quien le coja el teléfono. A día de hoy, sus antiguos compañeros y admiradores le dan la espalda. Lo triste es que quizás lo hagan por guardar las apariencias, debido a la importancia mediática que ha tomado el caso de las tarjetas opacas de Bankia.

Porque si repasamos la trayectoria profesional del caballero en cuestión, posiblemente acabaremos pensando que el tema de las tarjetas es baladí comparado con sus gestiones, éstas presuntamente legales, al frente de los diversos organismos por donde ha pasado.

Ministro de Economía (1.996 – 2004). En esta etapa de su carrera, la que labró su fama de buen gestor, tuvieron lugar de su mano varias medidas de las que hoy pagamos las consecuencias. Fue el impulsor de la Ley del Suelo de 1.998 (PDF), esa que ha sido señalada como una de las causas de la burbuja inmobiliaria, de cuyo pinchazo aún sufrimos las consecuencias; de hecho, en el 2.003 fue preguntado acerca del imparable aumento de precios en los mercados inmobiliarios y su respuesta fue de absoluta negación. En esta época también tuvo tiempo de idear e impulsar el déficit de tarifa de las empresas eléctricas, las cuales obtuvieron una serie de ventajas estratégicas a cambio de que una parte de los costes energéticos no fueran repercutidos a los consumidores, quedando pendientes para el futuro. Esa deuda aún sigue pendiente y aumentando.

Director gerente del Fondo Monetario Internacional (2.004 – 2.007). Poco se sabe de su gestión en esta época, sin embargo, un informe interno del propio FMI en enero del 2.011 realizó una crítica demoledora a su gestión, señalando deficiencias internas que impidieron ver la crisis mundial que se gestaba durante su mandato. De hecho, el informe señala que las profundas disensiones internas restaron recursos a la entidad a la hora de valorar lo que se avecinaba. Lo más reseñable, los informes que hablaban sobre la robustez del sistema financiero norteamericano, con Lehman Brothers a la cabeza como ejemplo de solidez.

Presidente de Caja Madrid/Bankia (2.010 – 2.012). Durante su gestión, en 2011 Bankia anunció unos beneficios de 305 millones de euros, en un año marcado por su proceso de fusión, salida a Bolsa y la realización de un ajuste interno que cerró 800 sucursales. La auditora Deloitte detectó en las cuentas de 2011 de Bankia un desfase patrimonial de 3.500 millones y optó por no firmar el informe de auditoría. Este hecho, unido a la presentación de un plan de saneamiento de Bankia, que preveía la inyección de 3.000 millones de euros de dinero público, y que no fue aprobado por el Gobierno, precipitaron la renuncia de Rodrigo Rato como presidente ejecutivo. El banco fue expulsado en 2.013 del IBEX 35, del que había entrado a formar parte en el 2.011. Y es también en estos años en los que Rato hace uso y abuso de su tarjeta “black”, a pesar de su salario anual de 2,34 millones de euros.

A día de hoy, Rato es un marginado. Nadie de los que hasta hace poco se vanagloriaban de codearse con él quiere que se le relacione con el exministro. Cada vez son más las voces que piden su expulsión de todo lugar de donde se le pueda expulsar, que se borre su recuerdo y se desinfecte con cal todo aquello que haya tenido que ver con él. Sin embargo, ha tenido que ser el escándalo de las tarjetas, con cantidades económicas relativamente irrisorias, comparado con lo que estamos acostumbrados a oír en lo que a corrupción se refiere, el que movilice a todos los medios contra él. Hasta ahora no importaba que la Audiencia Nacional le imputase por los delitos de falsificación de cuentas, administración desleal, maquinación para alterar los precios y apropiación indebida.

Como tampoco importaban la enorme cantidad de familias que, al frente de su gestión, fueron desahuciadas de sus viviendas por Bankia. Ni los preferentistas, o las víctimas de las hipotecas multidivisas y de tantos activos tóxicos que, de la mano de la entidad que él presidía, acabaron con los ahorros de miles de familias. Según la nota de prensa del 30 de septiembre del Banco de España sobre la Estadística de Ejecuciones Hipotecarias, con los datos del segundo trimestre de este año, las inscripciones de certificaciones por ejecuciones hipotecarias iniciadas en los registros de la propiedad aumentaron un 1,2% respecto al trimestre anterior y un 14,0% en tasa anual. Es decir, hemos rescatado las cajas de ahorro, las hemos saneado, ahora limpiamos de corruptos sus órganos ejecutivos, los expulsamos a cada uno de su partido correspondiente y les dejamos de hablar. Y mientras seguimos desahuciando familias (9.611 viviendas habituales sólo de marzo a junio de este año) porque ellas cometieron el tremendo error de comprarse una vivienda cuando tenían trabajo, podían pagarla y hubo una entidad financiera que estudió su caso, lo aprobó y concedió un crédito.

Fuente: www.euribor.com.es

lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Por qué España es un país corrupto? Lo que no quieren ver los españoles

Después de leer este tweet de Elena Gómez Pozuelo, presidenta de Adigital.@gomezdelpozuelo “España es el país del fraude: además de los políticos corruptos, los ciudadanos cometemos fraudes por €140.000M cada año (laboral+fiscal)” me pregunto si efectivamente España es un país corrupto a todos los niveles. ¿Por qué?, ¿quién es el responsable?, ¿los políticos o los ciudadanos?

Transparencia Internacional es una organización no gubernamental con sede en Berlín que publica cada año un índice de percepción de la corrupción, Corruption Perceptions Index. Este indicador califica a los países del mundo en una escala que va desde el “10″ para un país percibido como “transparente” hasta el “0″ para uno visto como “totalmente corrupto”. En el año 2012 se han estudiado y clasificado 172 países, colocando a España en el puesto 30, lejos de los primeros puestos de Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda, e incluso por debajo de países como Chile, Chipre o el país africano Botswana.

Cómo funciona la corrupción en los países del Tercer Mundo

Crecí en un país donde el soborno, el abuso de poder, están al orden del día, y no estaba mal visto. La corrupción estaba bien dirigida por Mubarak, un dictador con un sistema de manual para aplicar la dictadura perfecta. El sueldo del funcionario medio sólo llega para los primeros días del mes, lo que fuerza a ser corrupto para sobrevivir y llegar a finales de mes. Así, el Estado se limpia las manos y echa la culpa de la corrupción a sus ciudadanos, además de ahorrar dinero al pagar unos sueldos injustos presupuestados año tras año y desviando este dinero hacia cuentas personales en los bancos suizos. Pero esta jugada tuvo su fin cuando estalló la Revolución en 2011 y acabó con el maestro de la corrupción entre rejas, acompañado de su familia y colaboradores.

Éste es el ejemplo de uno de los países más corruptos en la lista de Transparencia Internacional: la corrupción, arraigada en la sociedad, es dirigida por un dictador y utilizada como arma para seguir en el poder, pero ya está acabando para muchos.

España es un país con mucha gente trabajadora y honesta, que está entre los países más desarrollados del mundo porque hay gente válida que se esfuerza todos los días para sacarlo adelante; un país que no está gobernado por un dictador, pero que está enfermo a causa de la lacra de los tiranos de la corrupción. ¿Por qué?

El origen de la corrupción en España

Distingo tres tipos de ciudadanos.

Ciudadano 1º: es una persona con valores, para el que honradez y honestidad son palabras que motivan las acciones diarias del ser humano, que nunca admitirá la corrupción es su vida diaria.

Ciudadano 2º: es gente con valores, pero ven casi a diario titulares de casos de corrupción de la clase política y se sienten engañados, estafados, y quizá por venganza hacía esta clase política, cometen acciones fraudulentas ellos mismos, ya que tienen la perfecta excusa para justificarlas.

Ciudadano 3º su problema viene de la educación desde casa. Los niños tienen como principales modelos a seguir al padre y a la madre y aquí está la raíz del problema, ya que para la mayoría de las personas adultas todo lo conseguido fácil, rápido o gratis (no importa cómo, con trampas o engaño incluso), es motivo de regocijo y no de vergüenza: cuanto más consigues de esta forma, más listo eres, hasta llegar a presumir de ser el mejor tramposo. No vamos a buscar ejemplos en la política o en el sector empresarial. Los encontramos todos los fines de semana en los campos de fútbol, donde es habitual que un jugador haga trampa y le piten una falta sin consecuencias por parte de la afición, de los responsables de este deporte, ni de los medios de comunicación. Todo lo contrario: se convierte en el ídolo de sus hinchas si consigue su objetivo, olvidando el resto, algo que no pasa en los campos de fútbol de otros países como Inglaterra o Alemania. Esto ocurre también en los partidos políticos, entre los empresarios, sindicatos y trabajadores: cada uno engaña en su campo y todos se engañan a sí mismos mientras roban a su propio país.

El empresario hace trampas para pagar menos, el trabajador intenta trabajar lo menos posible, el estudiante hace trampas para copiar, el sindicalista utiliza el crédito horario para asuntos personales. 

En España estamos rodeados de corruptos a todos los niveles. Muchos piensan que son víctimas de la corrupción política, pero ellos son igual de corruptos.

Todos podemos ser Ciudadano 1º si tenemos la fuerza y la voluntad para serlo.

martes, 4 de noviembre de 2014

Podemos lider en estimación de voto a Noviembre 2014

Los grandes derrotados de esta intención de voto (PP y PSOE) deberían tener en cuenta la siguiente frase que se debe a los nuevos casos de corrupción que no dejan de aparecer día tras día:

"Cada día que pasa el PP pierde 100.000 votos" Aplíquese al PSOE. Y verán donde radica el éxito de Podemos.




miércoles, 29 de octubre de 2014

España tiene 800.000 niños pobres más que hace cuatro años

Según Unicef, es el tercer país donde más ha crecido la cifra, tras México y Estados Unidos

El número de niños pobres ha aumentado en 800.000 en España como consecuencia de la crisis económica entre 2008 y 2012 hasta situarse en un total de tres millones de niños que viven por debajo del umbral de la pobreza, según un informe de Unicef. España es el tercer país donde más ha crecido el número de niños pobres, después de México y Estados Unidos, de acuerdo con el estudio Los niños de la recesión. El impacto de la crisis económica en el bienestar infantil en los países ricos.

El presidente del Comité español de Unicef, Carmelo Angulo, reclamó un pacto de Estado por la infancia con la participación de todos los actores políticos y sociales para blindar la protección y los derechos de los niños. La dotación de este pacto de Estado por la infancia podría oscilar entre los 9.000 millones de euros, en caso de universalizar una prestación familiar por hijo a cargo, que está establecida en 21 de los 27 países de la Unión Europea, y los 1.800 millones de euros, en caso de contemplar medidas orientadas a las familias más necesitadas.

La asignación de 9.000 millones de euros permitiría situar a España en torno a la media de inversión de la Unión Europea, que dedica un 2,2% del PIB a la protección de la infancia y de las familias frente al 1,4% de España. El informe de Unicef refleja que España ocupa el puesto número 35 de 41 países de la Unión Europea y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la tabla que mide la evolución de la pobreza infantil anclada en 2008. Además, España se ubica en el puesto 37 de 41 en la autopercepción de la evolución en la vida de las personas, ya que empeoran los cuatro indicadores que se miden entre 2007 y 2013, “lo que refleja la dureza con que la recesión ha golpeado al país”, dijo Angulo.

Y mientras, nuestros dirigentes...


lunes, 15 de septiembre de 2014

8 malos hábitos que pueden acabar con tu carrera

¿Te preguntas por qué no avanzas más rápidamente en tu carrera profesional o por qué parece que nunca te tienen en cuenta cuando se trata de subidas salariales, ascensos o proyectos importantes? La respuesta puede ser que vacilas en algunas de las siguientes ocho conductas que acaban con la carrera profesional:


1. No promocionar tu propio trabajo
Tu trabajo puede ser fantástico, pero si nadie lo sabe no servirá para mejorar tu reputación, tu salario o tus oportunidades de mejora. Asegúrate de que tu jefe conoce tus logros, aunque se trate de las felicitaciones de un cliente difícil de contentar, muestra todo aquello que se salga de lo habitual en tu trabajo normal.



2. Ponerse a la defensiva
Si te pones a la defensiva cuando no obtienes comentarios elogiosos, puedes estar asestando un golpe mortal a tu carrera. Mucha gente simplemente deja de mantener conversaciones positivas con personas a la defensiva, así que es posible que tus compañeros te eviten y que tu jefe deje de decirte como mejorar. «Eso suena genial», podrías responder, pero implica que destrozarás las relaciones que necesitas para avanzar en tu carrera y negarte a ti mismo la información que necesitas para crecer profesionalmente.



3. Adoptar decisiones precipitadas
Ya sea cuando te vas del trabajo porque el jefe dijo algo que no te gustaba o aceptando una oferta laboral sin pensarlo detenidamente, tomar decisiones de forma impulsiva no tiene cabida en tu carrera. Las decisiones que adoptas sobre el trabajo tienen ramificaciones de largo alcance en tu cartera, tu reputación y tu calidad de vida diaria.



4. No ser asertivo
Puedes pensar que no buscar problemas es la mejor manera para tener éxito profesional, sin embargo no ser asertivo puede perjudicarte mucho más. Si consideras que una decisión está equivocada o que un proyecto está abocado al desastre o que te mereces un aumento, los buenos jefes querrán escuchar lo que tengas que decir. Existe una diferencia entre ser asertivo y ser odiosamente agresivo, por supuesto, pero manifestar tus opiniones de manera profesional es fundamental para el éxito profesional.



5. Ser demasiado negativo
Si estás quejándote constantemente por los proyectos nuevos, de las políticas de tu empresa y por qué tarda tanto el departamento de informática en arreglar la red, probablemente estés generando un mal ambiente para la gente y para ti. Lo mismo sucede con el humor negativo, si sueles hacer comentarios sarcásticos sobre tu jefe o del chico nuevo del pasillo, es posible que incluso aunque la gente se ría, te ganes una reputación de amargado y de tener una mala actitud.



6. Mentir
Si te pillan en una mentira, incluso por pequeña que sea o no puedan comprobarla, estás destruyendo tu credibilidad, y eso es algo que nunca podrás recuperar. Podrías ser escrupulosamente honesto durante los tres años siguientes, pero seguirán recordándote como la persona que mentía y en la que no se puede confiar del todo.



7. Ser crónicamente desorganizado
La gente presta atención a si haces lo que dices que vas a hacer, a cuando dices que vas a hacerlo, con independencia de si es tan poca cosa como reenviar un documento que prometiste en una reunión o tan importante como cumplir con los plazos de un proyecto. Si lo haces, la gente lo percibe y te creas una reputación de persona de confianza y alguien en quien puedes confiar. Si no lo haces, considerarán que no se puede contar en tu palabra.



8. No aprender las nuevas tecnologías
Podrías pensar que estás totalmente cómodo con la manera que tienes de hacer las cosas, muchas gracias, y, por tanto, no necesitas aprender las últimas tecnologías … pero, si te resistes a las nuevas formas de hacer las cosas, los colegas que no se resistan al cambio enseguida te dejarán atrás. Si te ves imprimiendo correos electrónicos para leerlos o yendo a la biblioteca para buscar algo en lugar de meterte en google para hacerlo, es probable que tengan en cuenta a otros trabajadores que sean más competentes tecnológicamente.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Consigue hacer tu trabajo dentro del horario

En España parece que nos gusta eso de pasar horas y horas en la oficina cuando sólo en algunos casos es realmente necesario y en el resto, es por aparentar.



Partiendo de la base de que en la mayoría de los trabajos hay un horario establecido (por desgracia, aún no hemos llegado a la flexibilidad horaria), qué menos que cumplirlo, ¿no? Yo soy de esas personas que creen en la conciliación entre la vida personal y laboral y creo, que si en las empresas no hay esa flexibilidad que permita la conciliación, salvo excepciones, si la mayoría de los días tienes que salir tarde del trabajo, hay algo que falla y posiblemente, sea culpa tuya por falta de organización.

No es tan difícil. Simplemente hay que seguir unos pasos básicos:

  • Cuida de tu tiempo. Si pasas el rato hablando con los compañeros, tomando café o fumando, posiblemente no conseguirás acabar nunca tu trabajo. Céntrate. No se trata de no hablar con nadie o de no levantarte de la silla, se trata de optimizar el tiempo. De ser más eficiente.
  • Haz una lista. Tal vez te pueda parecer una pérdida de tiempo, pero si tienes las cosas pendientes por escrito, podrás ver más fácilmente todo lo que tienes que hacer y además no se te olvidará nada.
  • Prioriza. Una vez que tienes la lista hecha, tienes que centrarte en lo fundamental. No dediques tiempo y esfuerzo a tareas o actividades no relevantes. Separa lo urgente de lo importante.
  • Se realista. Cuando te pongas unos tiempos para realizar cada una de las tareas pendientes, tienes que ser objetivo. Si te quedas muy corto de tiempo, te agobiarás porque “no llegas”. Controla lo que tardas más o menos en hacer cada una de las tareas y en el futuro, podrás organizarte mejor.
  • Ten los objetivos claros. Lo primero es saber a dónde quieres llegar y después conocer los medios con los que dispones para llegar a ellos de esta forma sabrás cuándo y cómo puedes conseguir tus objetivos.
  • Las cosas, de una en una. No intentes hacer múltiples tareas a la vez. Al ejecutar diversas tareas se tendrá mayor dificultad para recordar las cosas que se acaban de hacer.
  • Ordena. Si sabes dónde tienes las cosas, ahorrarás un montón de tiempo en buscarlas, por eso es importante dedicar algún tiempo a ordenar tu espacio de trabajo, a la larga, ganarás tiempo. Esto vale igual para una carpeta que para los emails.
  • Averigua cuándo eres más productivo. En general se dice que las personas somos más productivas en las primeras horas de la mañana, pero no se puede generalizar, ya que hay que gente que trabaja mejor pasadas unas cuantas horas desde que se levantó, o de noche…La hora del día que eres más productivo va a depender en gran medida de tu horario de sueño, tu dieta, y tus ritmos individuales. Hay que hacer las tareas importantes cuando estás más fresco y las más ligeras (como mirar el mail o hacer llamadas) cuando te sientas con menos energía.
  • Comprométete a salir 30 minutos antes de lo habitual. Si te comprometes a salir antes, te obligarás a eliminar las pequeñas pérdidas de tiempo, como mirar mails personales, navegar por internet…Piensa en las cosas que puedes hacer una vez que hayas salido del trabajo y de esta forma conseguirás centrarte en lo importante.
¿Realmente crees que todos esos días en los que pasas tanto tiempo en la oficina son necesarios?

Fuente: http://www.euribor.com.es

lunes, 4 de agosto de 2014

Un salario medio en España de 23.650 euros anuales, pero con muchos mileuristas.

  • Tres cuartas partes de los trabajadores de nuestro país perciben un sueldo inferior a 24.000 euros brutos anuales, unos 1.300 euros netos al mes.
  • Los españoles han perdido poder adquisitivo durante la crisis y se enfrentan a dos años en los que se prevé que siga la misma tendencia.

  • Según los resultados del Informe Infojobs Esade 2013. Estado del mercado laboral español, elaborado por el portal de empleo Infojobs y la escuela de negocios Esade, el pasado año los salarios en nuestro país han experimentado un ligerísimo incremento del 0,2%, lo que significa no obstante que los trabajadores siguen perdiendo poder adquisitivo desde que comenzase la crisis.

    La inflación anual del pasado año cerró en el mismo porcentaje que el señalado por Infojobs para el aumento de los sueldos, en el 0,2%; pero desde el año 2011 los precios se han elevado un 5,3% de forma cumulada mientras que los salarios han descendido ligeramente, un 0,6%.

    Empleados y mandos intermedios han perdido más poder adquisitivo que los directivos desde el año 2007, justo antes de que comenzase la crisis. Porque los ejecutivos han recuperado una parte gracias a sus incrementos durante el pasado año 2013. Una situación que corrobora otro estudio elaborado por la consultora de recursos humanos ICSA sobre las tendencias retributivas en el mercado laboral de nuestro país.

    Según los datos de Infojobs acerca de las ofertas de empleo publicadas en este portal, el salario medio ofrecido por las empresas en nuestro país se situaría en el año 2013 en 23.650 euros brutos anuales, algo superior al publicado por el Instituto Nacional de Estadística, que lo dejaba en 22.790 euros.

    Por nivel de estudios, los mejor retribuidos, como en todos los estudios sobre la materia, son los mejor formados. Los titulados universitarios tendrían unos sueldos medios de 28.263 euros brutos anuales, según Infojobs. Es decir, 4.613 euros por encima del sueldo medio. El resto de trabajadores estaría por debajo de esa media. Los titulados de FP percibirían 22.002 euros anuales; los de Bachillerato 19.440; y los de estudios básicos 19.387 euros

    Más de la mitad, el 59% de las ofertas de empleo publicadas, ofrecen a los candidatos sueldos que se sitúan entre 12.000 y 24.000 euros. Por encima de esos 24.000 euros sólo se encuentra el 26%. El restante 15% estaría por debajo de los 12.000. Es decir, que tres cuartas partes, el 74% de los candidatos reciben una oferta que no supera los 24.000 euros.

    Por ejemplo, un trabajador con contrato indefinido y un hijo que perciba un sueldo de 18.000 euros brutos anuales en 14 pagas (a medio camino entre esos 12.000 y 24.000 euros), tendría un salario neto mensual de unos 1.000 euros. Se puede decir, con muy diferentes matices y casuísticas, que una parte significativa de los trabajadores españoles rondaría la barrera del mileurismo o no llega a ella.

    Aunque como se podrá leer en el siguiente artículo, en salarios no hay que hablar de medias, sino de modas o medianas.

    lunes, 28 de julio de 2014

    Traducción de la "noticia" de que el Tribunal Constitucional ha avalado la reforma laboral.

    En algunos medios se ha "informado" de que el TC ha avalado la reforma laboral 2012 . En otros se ha "puntualizado" que ha avalado el contrato para emprendedores y la modificación de los convenios ¿¿¿¿???? Ante la "calidad" de algunas de estas "informaciones" vamos a intentar traducir la noticia al lenguaje de los participantes en los juegos del hambre, advirtiendo que la sentencia aún no ha sido publicada:

    El TC no ha avalado la reforma laboral sino que simplemente ha resuelto un recurso que el parlamento de Navarra presentó contra dicha reforma.

    El TC ha dicho que el contrato de apoyo a los emprendedores no viola la Constitución. Este contrato es el que en Laboro se denominó " contrato Rajoy " y cuya principal característica es que es "indefinido" pero poco, porque tiene un período de prueba de 1 año, pa que al empresaurio le de tiempo a evaluar a la dependienta, limpiadora, vigilante, camarero y demás puestos propios del I+D españistano que por su alta cualificación exigen tan largo período de evaluación. Como tu vecina o vecino, que es virgen pero poco porque está en período de prueba. En la reforma se les olvidó recordar que en período de prueba te pueden echar sin comunicación escrita, sin razones, sin preaviso y por supuesto sin indemnización; pero es que eso no es malo, ignorantes perroflaúticos, sino que es bueno para que los empresaurios levanten Españistán, que la habéis dejao echa una pena.

    Pero el TC no ha dicho que ese contrato se pueda usar en todo caso ni menos aún que todo contrato Rajoy sea correcto y por supuestísimo que no ha dicho que no pueda existir el fraude de ley en el uso de ese contrato . Es decir, que tras esta sentencia nada ha cambiado respecto al contrato Rajoy. Por ejemplo, en el caso en el que las finalizaciones de contratos Rajoy fueron declarados despidos improcedentes por un juez, volverían a ser declarados despidos improcedentes tras esta sentencia del TC porque había fraude de ley. Este fraude consistía en que el contrato realmente no era un contrato Rajoy sino un contrato indefinido ordinario, pero se usó fraudulentamente el contrato Rajoy simplemente para buscar un fin diferente que era el despido libre y gratis dentro del primer año. Obviamente, ese fin es el que pretenderán usar los empresaurios al hacer contratos Rajoy, por lo que su finalización seguirá siendo despido improcedente porque el TC jamás ha santificado ni santificará el fraude de ley.

    En otros medios, como en al menos dos informativos de TV nacionales, se ha dicho que el TC ha avalado la "modificación de los convenios". Todo profesional o incluso aficionado que lo haya escuchado habrá dicho ¿¿ein?? Por supuesto el TC no ha avalado nada de eso, porque sencillamente no existe la modificación de los convenios por parte de la empresa. Sólo faltaría (ostras, qué idea, asquerosos bolivarianos). Sólo puede modificar un convenio la comisión negociadora del mismo, es decir los representantes de los trabajadores y los representantes de la empresa o patronal, según sea convenio de empresa o sectorial. Por tanto, modificar un convenio es lo mismo realmente que hacer un convenio nuevo y sólo se puede hacer con acuerdo con los representantes de los trabajadores.

    Lo que existe es la posibilidad del descuelgue del convenio. Es decir que la empresa deje de aplicar algunos aspectos del convenio. No todos, pero sí los más importantes como el límite de la jornada y la cuantía salarial, pero recordad que es por vuestro bien y si no os vais a Cuba, que no tienen coches buenos. Pero la empresa no puede autorizarse a sí misma un descuelgue sino que precisa que existan causas demostrables económicas, organizativas, etc. y sobre todo necesita el acuerdo con los representantes de los trabajadores. Si no se lo dan porque están a sueldo de Venezuela, la empresa tiene que iniciar un largo camino en busca de que un tercero le apruebe este descuelgue: primero la Comisión Paritaria, luego los arbitrajes vinculantes si existieran y finalmente te vas a la CCNCC, que es la sigla más molona de todo el mundillo laboral y que quiere decir Comisión Consultiva Nacional de Convenios Colectivos o bien a la Consejería de Empleo de la Comunidad Autónoma según el caso. Demasiao pal empresaurio acostumbrado a hacer verbalmente lo que le sale de la gaita y además sin seguridad alguna en el resultado, si es que le contestaran, y además el descuelgue sólo duraría hasta que se firmara el siguiente convenio. Por eso afortunadamente hay poquísimos descuelgues, comparados con el nº de ERE, ERTE y modificaciones colectivas de las condiciones de trabajo.

    Lo que ha dicho el TC al respecto de los descuelgues es que no viola la Constitución el que finalmente sea un tercero (la CCNCC), y no las partes negociadoras, quien pueda autorizar un descuelgue del convenio decidido sólo por la parte empresarial. Por cierto que con 3 votos en contra.

    En resumen, que tras esta sentencia del TC nada va a cambiar .

     Los descuelgues no se usarán más ni tampoco se usará más el contrato Rajoy. Más del 90% de los contratos que se hacen actualmente son temporales y entre ellos la mayoría son contratos temporales en fraude de ley . ¿Por qué? Por dos razones insuperables para el empresaurio españistano: por un lado porque es el perro viejo conocido y por otro lado porque se llama temporal, pero el otro se llama indefinido, aunque de indefinido no tenga nada. Por tanto el empresaurio usa este contrato temporal como medida psicológica de presión laboral: "si no tragas te echo cualquier día porque no eres indefinido". El padefo medio no sabe que la finalización de un contrato temporal en fraude es un despido improcedente igual que la finalización de un contrato Rajoy en fraude, pero su "lógica" padefa le dice que con el 2ª es fijo y con el 1º no.

    Aún está pendiente de resolución el otro recurso contra la reforma laboral que presentó el PPSOE rojo. Por cierto que en los últimos días han cambiado de jefe en unas elecciones primarias o algo así y todos los candidatos dijeron que si gobernaban derogarían la reforma laboral. A lo mejor lo que han faltado son periodistas que les preguntaran cuál. ¿Sólo la del 2012 del PPSOE azul o también la del 2011 y la del 2010 del PPSOE rojo que iban exactamente en la misma línea? Por no hablar de la historia de todas las reformas laborales , cuya lectura es una vacuna contra el virus de la propaganda.

    lunes, 7 de julio de 2014

    Enric González: El reloj de Hildy

    Es muy curioso esto que llaman credibilidad. Referido a la prensa, parece consistir en algo relacionado con el narcisismo y el onanismo. Atribuimos credibilidad a quien piensa más o menos como nosotros, dice lo que decimos nosotros (o nos gustaría decir) y nos hace sentir en posesión de la razón. Ningún periodista español es creíble para todos. Ni Soledad Gallego-Díaz , la profesional más solvente que conozco: por el hecho de trabajar para El País y la SER, un sector de la audiencia la mantendrá por principio bajo sospecha. Un lector de El País (el diario de la falsa foto de Hugo Chávez) recela por sistema de lo que publica El Mundo (el de la conexión Mondragón), y viceversa; quien lee fielmente a Hermann Terstch piensa que Ignacio Escolar es un propagandista sectario, quien consume prensa del nacionalismo catalán atribuye las peores manipulaciones a la prensa «de Madrid», ya Iñaki Gabilondo siempre habrá quien le saque un asunto de calzoncillos superpuestos. Las cosas funcionan así. Nuestros prejuicios, sumados a otros prejuicios similares, constituyen un nicho de mercado. Cada día más precario, ciertamente. Quizá porque tantas credibilidades enfrentadas desgastan la fe más sólida.


    Algunos dicen que Jordi Évole se ha jugado su credibilidad (y la ha perdido) con el falso documental sobre el 23-F. Vaya. Qué desgracia. Me parece muy bien que una parte de la audiencia le critique y otra parte le aplauda, porque para eso está: para ser audiencia y opinar. Resultan un poco más chuscas las críticas de ciertos profesionales que conocen a la perfección las patrañas de sus propios medios, contribuyen a ellas cuando hace falta o las soportan en silencio, porque hay que pagar la hipoteca y educar a los niños. ¡Cuánto pontífice de la verdad!

    A mí no me gustó demasiado el falso documental. Llegó a aburrirme. Y, sin embargo, me pareció muy bien. Évole hace televisión. Como artefacto televisivo, el programa cumplió sus objetivos de forma abrumadora: obtuvo audiencia y suscitó debate. Cuando opera bajo la etiqueta de Salvados , Évole cultiva un periodismo mestizo, una información-entretenimiento que satisface a millones de personas. Me incluyo entre ellas. Otras veces, como el domingo, Évole hace otras cosas. Y asume riesgos. Personalmente, habría preferido ahorrarme las excusas posteriores («les contamos esto porque no podemos contarles la verdad»), un poco bochornosas, pero ese es un asunto menor. Lo importante es la provocación, algo bien sabido por los participantes en las tertulias políticas televisivas. Si quieren periodismo puro, austero, riguroso, búsquenlo en algún libro o criben la prensa diaria hasta encontrar una pepita (las hay) de ese material rarísimo. No se lo exijan a la industria. La industria es otra cosa. La industria, amigos míos, existe para ustedes, para sus prejuicios y sus puñetas.

    Tiendo a pensar que podríamos confiar un poco más en la prensa, fuera cual fuera el soporte, si cada uno de sus productos incorporara algo parecido al making of ; un relato de cómo se ha construido la información. A eso, en una época, se le llamó nuevo periodismo. Disculpen la divagación, temo que no venía al caso.
    Me acojo a la disculpa anterior para precisar que yo no me fui de El País por los despidos (aunque oficialmente fuera uno de los despedidos), ni por las malas formas con que se planteó el expediente de regulación de empleo. Me fui a otro periódico, El Mundo, que también despedía a gente. Lo que me parecía intolerable en El País tampoco era el ambiente opresivo, muy característico de la casa, ni algunas tonterías que se publicaban junto a piezas espléndidas, sino el cinismo de su máximo responsable, Juan Luis Cebrián: el hombre que ha conseguido ganar fortunas arruinando a accionistas y despidiendo a trabajadores; el hombre que debía defender el periódico y lo despreciaba públicamente.

    Me fui a trabajar para un director, Pedro J. Ramírez, que también había hecho del cinismo un arte. ¿Han visto la película Primera plana? No la de Howard Hawks (un buen director no puede parecerse a Cary Grant), sino la de Billy Wilder , con Jack Lemmon como el reportero Hildy Johnson y Walter Matthau como el director Walter Burns. ¿Recuerdan el final? ¿Recuerdan lo que ocurre con el reloj que Burns regala a Hildy? Ahí está todo. Ahí está lo que en mi opinión, absolutamente subjetiva, redime a Ramírez. No me importa trabajar para un jefe que me engañe, me explote o me estafe, mientras ame su periódico y me engañe, me explote o me estafe en beneficio del periódico. Es decir, del oficio. Es decir, de algo muy imperfecto para un público muy imperfecto. Me gusta trabajar para alguien que, como yo, disfrute con este asunto tan sucio e impugnable, tan estúpido, tan poco rentable, tan falto de credibilidad y, aunque a estas alturas no se lo crea casi nadie, tan necesario que llamamos periodismo.

    lunes, 21 de abril de 2014

    Hora de despertar


    He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

    Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

    El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

    He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

    Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

    Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

    Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

    uerta del Sol, Fotografía de Álvaro Ortíz

    Artículo publicado por Antonio Muñoz Molina

    lunes, 7 de abril de 2014

    El paraíso de los mediocres


     

    Sucede en todos los países del mundo.         Desde hace siglos, quizás desde siempre.

    Se trata de un mal que se ha extendido como una infección y que aqueja a todas las sociedades: el mundo está gobernado por los “peores”.

    Las personas con menos escrúpulos y menor empatía hacia los demás acostumbran a alzarse con los puestos de poder.

    No se trata de una oscura conspiración: sigue las mecánicas lógicas de funcionamiento del propio Sistema, basado en la más desenfrenada competitividad y en el darwinismo social.

    Solo los que compiten mejor, es decir, los que albergan menos barreras morales y emocionales a la hora de actuar en su propio beneficio alcanzan los puestos dirigentes.

    Es algo que sucede constante e invariablemente en las grandes estructuras jerarquizadas, como por ejemplo las corporaciones transnacionales y sobretodo, en los partidos políticos, máximo exponente de estas mecánicas de ascenso social.

    Es así, no seamos ingenuos: el mayor capital de un político no radica en su capacidad de gestión ni en la pureza de su ideología, sino en su habilidad a la hora de conspirar, crear alianzas, corromper y llegado el caso, traicionar a quien sea necesario con el fin de alcanzar el poder.


    Éste es el lado oscuro del talento político.

    Pero evidentemente, estas habilidades “oscuras”, deben venir acompañadas de un alto nivel de formación, don de gentes, carisma, capacidad oratoria e interpretativa y un perfecto dominio de la escena mediática, competencias todas ellas indispensables a la hora de embaucar a las masas y a la hora de dignificar la imagen del partido político al que representan y a los votantes que depositan su confianza sobre ellos. Estas son las habilidades que representan el lado brillante del talento político.

    Así pues y resumiendo, un político actual debe estar dotado de ambos tipos de talento si quiere convertirse en un gran líder.


    Así sucede en casi todos los países del mundo.

    Excepto en un pequeño rincón, un territorio mágico de cuento y ensueño, una tierra legendaria en la cual solo hace falta el talento oscuro a la hora de gobernar. Y no solo eso, en este lugar “maravilloso”, con sus propias reglas de funcionamiento, el mediocre, el estulto, el ridículo y el incapacitado parte con ventaja en su carrera hacia el poder.

    A estas alturas ya lo habréis adivinado: ese lugar se llama ESPAÑA.

    Solo hace falta mirar a sus gobernantes a lo largo de los últimos 100 años. Es difícil encontrar una colección de personajes más mediocres e incapacitados que los que han gobernado nuestro país en los últimos decenios.


    Líderes sin carisma, sin estudios de nivel, ni talentos destacables; incapaces de hablar otro idioma que no sea el castellano sin correr el riesgo de caer en el más lamentable de los ridículos; politicuchos del tres al cuarto con una oratoria vulgar y que apenas dominan los rudimentos más básicos del que debería ser su oficio; personajillos lamentables que no saben ser ni estar y que no merecen ni la más breve reseña en los libros de historia.


    En cualquier otro país la suya seria una existencia anodina y gris, imperceptible para el devenir del país, engullidos por la marea humana y disuelta su nula personalidad en el ácido de las masas. Pero sin embargo, en España, llegan a presidentes del gobierno.

    Y algunos de ellos, incluso después de haber mostrado innegables síntomas de enfermedad mental, llegan a ser reelegidos.

    Y no es algo que se circunscriba a las últimas décadas.
    Ahí está el indignante ejemplo del dictador Francisco Franco que llegó a gobernar durante 40 años.

    Es difícil hallar a un sujeto más incapacitado en todos los aspectos de la vida de un hombre, a un personaje más ridículo y deforme: con su voz aflautada, sus poses amaneradas, su nula marcialidad y su supina ignorancia, llevada al extremo.

    Compararlo con otros líderes contemporáneos a él resulta incluso grotesco, más allá de las ideologías políticas que éstos profesaran y de las atrocidades que cometieran: Roosevelt, Churchill, Mussolini, Stalin o Hitler, personajes todos ellos de primera línea, con auténtico magnetismo, carisma y talento, incluso para ejercer el mal absoluto.



    Y este contraste entre la insultante mediocridad de los líderes españoles y el carisma y capacidad de los líderes de los demás países se repite incesantemente, una y otra vez, sin apenas excepciones significativas.


    Ahí tenemos el ejemplo vivo del actual presidente español, un hombrecillo acomplejado, estólido y sin personalidad que se oculta tras pantallas de plasma, con el fin de no evidenciar su incapacidad intelectual ante la posible pregunta incómoda de un periodista.




    Y en contraste con él, François Hollande, el Presidente de la República Francesa, quizás el líder francés menos carismático y capacitado de las últimas décadas y que sin embargo afronta las más largas e incómodas ruedas de prensa, en vivo y en directo, demostrando con ello el dominio de las nociones más básicas de su oficio como político.

    ¿Qué sucede pues en España? ¿Qué extraños mecanismos llevan al poder a los mediocres y a los necios?
    ¿Es algo casual, se trata de una gran conspiración o es el reflejo de la degeneración psicológica de toda una sociedad?

    No hace falta ser demasiado observador para ver que se trata de la tercera opción.


    La recompensa del mediocre

    Por alguna razón, digna de un análisis profundo, la sociedad española tiende, por naturaleza, a premiar al bruto, al cretino, al zafio y ante todo, al que hace bandera y exhibición de la más absoluta ignorancia.

    Debe ser la única sociedad del mundo occidental que recompensa y celebra la estulticia ajena y la eleva a la categoría de virtud o gracia nacional.

    Las televisiones están repletas de lamentables ejemplos de ello: es difícil encontrar en otro país tal cantidad de “frikis”, majaderos, sinvergüenzas, timadores de baja estofa y botarates ganándose generosamente la vida gracias a su deformidad psicológica.


    Pero esta celebración de la ignorancia y la incapacidad no se circunscribe a los “frikis” televisivos.
    Las constantes e innumerables muestras de incompetencia de dirigentes y mandatarios, lejos de provocar oleadas de indignación que deriven en ceses de sus cargos, acaban convirtiéndose en motivo para el chascarrillo y la bromita fácil.

    Entra aquí en funcionamiento el subterfugio del “sentido del humor español”, como excusa perfecta para justificar la inacción.


    Toda indignación deriva así en risitas bajo el ostentoso lema de que “sabemos reírnos de nosotros mismos”, hasta el punto de convertir la lógica rabia inicial hacia el estafador en un entrañable sentimiento de proximidad y comprensión hacia él.


    Es decir, a base de humor y chistes, en España se acaba premiando al incapacitado e incluso se hace gala de ello, como si fuera motivo de orgullo nacional.

    Y llegados aquí, la pregunta que todos deberíamos hacernos es:


    ¿POR QUÉ EN ESPAÑA SE PREMIA LA MEDIOCRIDAD Y LA ESTUPIDEZ?

    Y la respuesta no puede ser más desalentadora: se debe a que gran cantidad de españoles padecen un grave problema de indignidad personal, cuyas raíces son culturales. Nos explicamos.

    La identidad de cualquier persona se conforma en base a una serie de factores tanto personales como externos:
    • Los personales, proceden de las propias características innatas y de las vivencias interiores de cada uno.
    • Los externos proceden de nuestro entorno familiar, social y cultural.
    Podríamos decir que, a grandes rasgos, todos tenemos una parte de nuestra personalidad propia e individual y otra parte procedente del influjo cultural y étnico en el que hemos crecido.

    Esto es lo que, por ejemplo, “diferencia a un Alemán de un Español” y da pie a todo tipo de tópicos identitarios, que a pesar de ser tremendamente inexactos e injustos en la mayoría de los casos, innegablemente reflejan ciertas tendencias que acaban moldeando la conducta de los individuos de cada lugar. Es lo que podríamos calificar como nuestro “ADN cultural”.

    Y por lo visto, el “ADN cultural” español lleva incorporada la promoción de la indignidad personal y el envilecimiento voluntario. Dicho en otras palabras, el español tiende a rebajarse como individuo, hasta tener una visión deformada de sí mismo y de los demás.

    Una cuestión de esfuerzo

    Sean cuales sean las raíces culturales concretas del problema y sus orígenes, la gran diferencia entre vivir teniendo dignidad y vivir sin tenerla, radica en el esfuerzo que el individuo debe dedicar a su propia construcción personal.

    Tener dignidad y decencia implica una lucha vital constante, pues el individuo digno debe esforzarse para estar a la altura de la visión que tiene de sí mismo y eso significa no dejarse pisotear por nada ni por nadie y defender sus derechos individuales contra viento y marea, cada segundo de su existencia y hasta el fin de sus días.


    La dignidad y la decencia son contratos que uno hace consigo mismo con el fin de elevarse como ser humano y exigen las más altas cotas de autoexigencia y responsabilidad ante el juez más implacable de todos: la propia conciencia.

    Por esta razón, y aunque parezca increíble, no tener dignidad personal resulta mucho más cómodo y confortable a la hora de vivir, pues aceptar la propia bajeza como algo natural, inherente e inevitable, implica no tener que esforzarse en absoluto ante uno mismo.

    Éste es el resorte clave sobre el que se asienta todo este perverso mecanismo mental, que por razones culturales, infecta la mente de demasiados españoles.


    Consecuencias a escala social

    Evidentemente, cuando alguien cae en estas mecánicas de funcionamiento a escala psicológica profunda, lo último que quiere ver ante sí es a alguien con dignidad, luchando por mantenerla en alto, pues pone de relieve su propia vileza.

    Así es como, gran cantidad de españoles, aquejados como están por este mal, tienden a celebrar la vulgaridad, la zafiedad y la idiotez de los más variopintos personajes, pues en el fondo se identifican con ellos, y al premiarlos por sus actitudes, de alguna manera recompensan con ello su propia bajeza y alivian así el resquemor que les produce su propia indignidad.



    Y así, siguiendo estas dinámicas de identificación y reflejo en el indecente, en el obtuso, en el ignorante y en el que no se autoexige, en España acaban alcanzando el poder los personajes mas mediocres y torpes, rebajando con ello la dignidad del propio país como tal y reforzando y retroalimentando el propio envilecimiento voluntario de sus habitantes.

    Se trata pues, de un mecanismo psicológico de raíz cultural, instalado en la mente de muchos ciudadanos españoles que, en base a lógicas bien simples, consigue deformar la conducta de toda una sociedad.

    Así nace el deporte nacional

    Pero aquí no terminan los desgraciados efectos que provoca esta terrible tara cultural. Las consecuencias son aún mucho peores. Pues no solo se premia la estupidez y la exhibición impúdica de la ignorancia. Lo peor es que se genera una tendencia que castiga al digno, al decente, al capacitado, al inteligente y al talentoso. Y lo hace a través del llamado “deporte nacional español”: la envidia.


    Pero no se trata de la envidia relacionada con las posesiones materiales o físicas de las demás personas, sino de la auténtica envidia, la envidia profunda, la que tiene que ver con la esencia humana de los demás.

    No es la envidia a “lo que tienen” los otros, sino a “lo que son”.

    Y este tipo de envidia profunda, tan honda que es casi a “nivel espiritual”, solo puede nacer de alguien con un ínfimo nivel de dignidad personal y conciencia de sí mismo, tan incapaz de aceptar sus propios defectos, que intenta eliminar las virtudes de las personas que ponen de relieve su propia bajeza.

    Y la sociedad española está especialmente aquejada por este mal.

    La adoración al déspota

    Pero se produce aún un efecto colateral adicional, que solo sirve para empeorar aún más las mecánicas sociales del país.

    Y es que en su afán por mantenerse vivo, el sentimiento de indignidad eleva a los altares al orgulloso y al prepotente, es decir, al que aquejado por el mismo mal de la indignidad personal, necesita humillar a los demás con el fin de elevarse a sí mismo. La sociedad española tiende por naturaleza a respetar y admirar este tipo de actitudes.

    Ahí tenemos varios ejemplos mediáticos, aunque anecdóticos: los Mourinhos, los Ristos Mejides o los Chicotes, todos ellos con una característica en común: la más descarnada falta de respeto, que la masa indigna califica hipócritamente como “sinceridad sin tapujos”.


    ¿Habrían alcanzado tales niveles de popularidad mediática estos personajillos si trataran con consideración y cortesía a las demás personas? Seguro que no.

    El desprecio y el desdén que exhiben son la garantía de su éxito, pues sus invectivas hacia los demás son el reflejo del castigo y el desprecio que los propios indignos anhelan recibir en sí mismos.

    Es un puro acto de sadomasoquismo y rendición servil a la autoridad despótica, al “líder fuerte que castiga”. 

    La base de todo fascismo.

    Tras ello se oculta, de nuevo, ese mecanismo necesario de retroalimentación, propio del sentimiento de indignidad: nada mejor para rebajarse a uno mismo que ser menospreciado y vilipendiado sin piedad por alguien tan indecente que necesite hacerlo con el objetivo de sentirse superior y ocultar su propia vileza.

    El indigno, así, se ve reflejado e identificado no solo con la víctima del menosprecio, sino con el ejecutor del abuso. Una doble forma de reforzar el mecanismo psicológico.

    La verdad es que duele aceptarlo.

    Pero estas dinámicas profundas a escala psicológica son las que hacen de España el país que es en la actualidad y no el que podría haber sido. Las pruebas están ahí y así lo estamos pagando todos.

    Muchos autodenominados “patriotas” se llenan la boca de Españas, constituciones, himnos, toritos, banderitas, coronas y otras payasadas de tienda de souvenirs.


    Quizás el primer paso que debería dar un “patriota” de verdad es recuperar su dignidad personal como individuo, no a través de la pose orgullosa, rancia y cerril tan propia de éstas tierras, sino recuperando la conciencia de lo que uno mismo es en esencia, como persona.

    ¿Qué “patria” surgiría en una sociedad formada por individuos así?
    Seguro que no sería una gobernada por mediocres.